CHAMANISMO SIBERIANO. La belleza del desfiladero. Ovoo[1] 

CHAMANISMO SIBERIANO

Continuando su ascenso por el sinuoso camino lleno de socavones, alcanzando cada curva, Saosh Yant conseguía embeberse de la belleza del sublime lugar. Al detenerse en el siguiente tramo para descansar un poco, tomó aire, se enjugó el sudor que le cegaba, escuchó el ritmo de su corazón, le parecía que éste palpitaba en todo su cuerpo y se disponía a abandonar su pecho, su pálpito se repetía en un “¡PUM-PUM! ¡PUM-PUM! ¡AL-TÁI! ¡AL-TÁI! ¡TOC-TOC! ¡AL-TÁI!”.

Saosh miró hacia abajo y se encontró con el maravilloso y soberbio desfiladero que se alejaba con sus inaccesibles y escarpadas laderas gris oscuro, desde las que caían rumorosas cascadas. El cauce del torrencial río llevando aceleradamente sus turbias aguas hacia el lago Teletskoye. Luego levantó la vista por sobre las majestuosas, plácidas y soberbias cumbres nevadas, hacia el cegador azul del cielo donde un solitario azor planeaba con sus alas extendidas al infinito.

“¡He aquí mi Altái! – pensó para sí con orgullo. – Sólo en estos lugares, donde la fuerza de la naturaleza y la audacia del hombre se encuentran cara a cara, se puede comprender la belleza y la potencia del Creador, autor de todo esto. ¡Cuántos lugares como este hay en mi tierra natal!”

Extasiado con las hermosas vistas y recuperadas las fuerzas retomó su marcha. Superado el resto del camino, Saosh llegó a la cima del desfiladero donde había un mirador con innumerables ovoo, mojones piramidales de piedras sobre piedras, se detuvo ante uno de ellos y pensó:

“La gente ya no entiende el sentido de estas pirámides. Piden deseos, toman una piedra y la agregan al montón creyendo que de esta manera se acercarán al cumplimiento de sus añorados anhelos. Se olvidan que optan por la vía fácil sin hacer ningún esfuerzo. Antes la gente portaba estas piedras consigo. En ellas estaban esculpidos textos sagrados y plegarias. Muchas pesaban diez kilos y más. Los peregrinos se preparaban con mucha antelación antes de marchar a los lugares sagrados y grababan estos textos con sus propias manos, ayunaban, oraban, hacían acopio de energía astral y cuando llegaban a estos santos lugares, sobreponiéndose al cansancio, extenuados, a punto de desfallecer, con las fuerzas pendiendo de un hilo, lo hacían en un grandioso y sorprendente estado de ánimo tal que sus deseos alcanzaban inmediatamente a los Dioses y éstos cumplían las peticiones. Ahora todo es diferente. La gente piensa que sentándose en su coche, viajando hasta estos sitios con comodidad, tomando una piedra cualquiera de su gusto (siempre la más bonita) y colocándola sobre el montón de otras tantas más, alcanzará la meta deseada, pero los Dioses no pueden oírle porque su estado no es acorde a su deseo. Éste sigue siendo un impulso débil y caótico de una persona pusilánime, de alguien que vive con la comodidad y el confort de la sociedad enferma. ¡NO! ¡No quiero ser uno de esos! No quiero que mis oraciones pasen de largo delante de los Dioses. Quiero ser un Gran Kam. Estoy dispuesto a hacer lo imposible, aquello que es mayor que mis fuerzas. ¡Sé y comprendo que sólo así adquiriré las fuerzas de un chamán!”

Saosh Yant estuvo cierto tiempo pensativo en el mirador, embebiéndose de la belleza del extenso desfiladero, luego dirigió sus pasos hacia el camino ascendente. Un día más por una senda que seguía más arriba hasta que alcanzó el lugar que le habían señalado los espíritus. Allí estaba la vivienda de Kuday Kam.

[1] Lugares de culto que se encuentran en la parte superior de las montañas

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